Donald Trump recibió a Xi Jinping en la Casa Blanca durante una cumbre marcada por una fuerte carga simbólica, pero sin anuncios de grandes avances en los principales desacuerdos entre Estados Unidos y China.
Ambos gobiernos buscaron proyectar estabilidad en su relación después de meses de tensiones comerciales y tecnológicas.
Entre los temas abordados estuvieron comercio, inteligencia artificial, minerales estratégicos, Taiwán y la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Reuters reportó que la reunión a puerta cerrada no produjo un acuerdo de gran alcance en los asuntos más sensibles.
Aun así, la continuidad del diálogo reduce temporalmente el riesgo de una nueva escalada comercial entre las dos mayores economías del mundo.
Las decisiones de Washington y Pekín tienen impacto global en cadenas de suministro, tecnología, mercados financieros y precios de materias primas.
Después de la cumbre, ambas partes deberán mostrar si el tono diplomático se traduce en medidas concretas durante las próximas semanas.
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