La 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas concluye este lunes en Nueva York después de una semana de alto nivel dominada por guerras, tensiones entre potencias y cuestionamientos sobre la capacidad del sistema multilateral.
Entre los asuntos que concentraron la discusión estuvieron la guerra en Ucrania, la crisis de Gaza, las tensiones alrededor de Irán y el papel del Consejo de Seguridad frente a conflictos prolongados.
La reunión importa porque la Asamblea funciona como el principal foro político universal, aunque muchas de sus resoluciones no sean vinculantes y las decisiones de seguridad dependan de acuerdos entre potencias con derecho de veto.
Durante la semana también se discutieron desigualdad, cambio climático, inteligencia artificial y la necesidad de reformar instituciones internacionales para dar mayor representación a países en desarrollo.
Los conflictos actuales mostraron nuevamente los límites de Naciones Unidas cuando existen desacuerdos entre miembros permanentes del Consejo de Seguridad, pero también la utilidad del organismo para ayuda humanitaria y diplomacia.
Para México, el foro permite sostener posiciones sobre soberanía, cooperación, paz y desarrollo, además de mantener reuniones bilaterales con gobiernos de distintas regiones.
El cierre de la Asamblea no resuelve los principales conflictos, pero deja una agenda diplomática que continuará en el Consejo de Seguridad, organismos especializados y negociaciones entre gobiernos.
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