La reciente reunión entre Donald Trump y Xi Jinping concluyó con gestos de distensión y algunos acuerdos limitados, pero sin resolver los principales desacuerdos entre Estados Unidos y China.
Ambos gobiernos discutieron comercio, aranceles, tecnología, inversiones, Taiwán y el papel de China en conflictos internacionales.
Entre los resultados se plantearon reducciones arancelarias sobre algunos productos no sensibles, aunque no se fijó un calendario para un acuerdo comercial más amplio.
Las diferencias sobre semiconductores, tierras raras y restricciones tecnológicas continúan siendo puntos centrales de tensión.
China tampoco mostró cambios sustanciales en sus posiciones sobre Taiwán e Irán, dos asuntos prioritarios para Washington.
Analistas citados por Reuters consideran que la ceremonia y el tono cordial redujeron temporalmente la tensión, pero no modificaron la competencia estratégica de fondo.
Los mercados y gobiernos de otros países seguirán atentos a las próximas negociaciones porque cualquier escalada entre ambas potencias afecta comercio, inversión y cadenas globales de suministro.
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