El regreso de los combates en la región etíope de Tigray ha elevado la preocupación de diplomáticos y especialistas por una posible expansión del conflicto hacia otros países del Cuerno de África.
A diferencia de la guerra de 2020 a 2022, Etiopía y Eritrea se encuentran ahora en posiciones enfrentadas, mientras Addis Abeba acusa al gobierno eritreo de apoyar a fuerzas rebeldes.
Eritrea ha negado acusaciones de intervención, pero las tensiones entre ambos gobiernos se han intensificado y sus relaciones diplomáticas se han deteriorado.
El conflicto también se conecta con la guerra en Sudán, donde actores regionales respaldan a distintas fuerzas y persiguen intereses de seguridad, comercio y acceso territorial.
Egipto y Sudán mantienen además diferencias con Etiopía por la gran presa hidroeléctrica construida sobre el Nilo Azul, un asunto que añade otra fuente de tensión regional.
La cercanía con el Mar Rojo aumenta la importancia internacional de la crisis, debido a que la zona concentra rutas comerciales y una creciente competencia entre potencias regionales.
El riesgo principal es que alianzas cambiantes y apoyos externos conviertan un conflicto interno en una confrontación más amplia, aunque el desarrollo de los acontecimientos sigue siendo incierto.
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